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Las TICs, la lectura y la comunicación

Por Liliana García Domínguez - 22 de Julio, 2008, 2:09, Categoría: Artículos

[En ocasión de las Primeras Jornadas Rioplatenses Camino al Lectosur - Colonia del Sacramento - Uruguay ; 9 y 10 de junio de 2006]

Aunque el tema para el que se me convocó relaciona las tecnologías de la información y de la comunicación, decidí hoy revalorizar solamente la palabra.

La falta de revisión de los medios de comunicación en la institución escolar es uno de los graves inconvenientes que todavía padecemos.

A pesar de que estas formas de comunicación están adoptando las TIC desde el punto de vista administrativo, desde lo meramente pedagógico el esfuerzo para aggiornarse al siglo XXI suele ser individual o de unos pocos miembros del colectivo docente.

Incorporar nuevos dispositivos en la transposición didáctica y en la transferencia de conocimientos continúa siendo un trabajo lento de predisposición individual más que institucional, tal vez sólo debido a la incursión docente en estos "nuevos medios" para la escuela.

Miradas desde otra perspectiva, las TIC pueden ser consideradas como el conjunto de relaciones que "condicionan la organización de los saberes, los valores, los lenguajes, las culturas". (Funes 2004)

Estar al día con las TIC parece ser el imperativo categórico de nuestro tiempo.

Esto implica no sólo saber manejar una computadora con todo el software que ella trae incluido, sino aprender a descargar soft desde Internet, armar presentaciones con diapositivas que serán vistas por gran cantidad de público merced a otro dispositivo (el cañón proyector) lleno de botones y cables; programar bases de datos; preparar contenidos que serán visualizados en una intranet, en un weblog o en una página pública.

También implica tener en cuenta el cine "siempre a mano" mediante una videocasetera acoplada a un televisor accionada por un control remoto. Quienes pueden, también se armarán su propia filmoteca grabando en islas de edición caseras, o reuniendo en una sucesión musical las fotografías digitales de la última reunión de familia.

En fin, manejar aparatos, mantenerlos en buen estado, tratar de entender que si tocamos algo esa máquina no se rompe es algo que nos produce –a quienes tenemos cierta edad- un enorme estrés.


¿Dónde está la escuela?

 

La institución escolar se encuentra en medio de cambios rápidos en la sociedad con una estructura que se ha quedado en el siglo XX.

 

En general, en nuestra educación, hemos apoyado lo visual lectoescritor más que lo oral; lo "intelectual" más que lo procedimental; lo lineal-algorítmico más que lo heurístico.

 

Y he aquí que el siglo XXI nos da vuelta el esquema. Reúne en un solo dispositivo multimedia lo visual, lo auditivo, la lineal, lo hipertextual. La explosión de Internet convierte a este siglo XXI en ágora griega y en zoco oriental.

 

El ágora griega da la posibilidad de que ¿todos? tengamos un espacio de debate de las ideas, los conceptos, las teorías…

 

El zoco oriental -con su ordenado desorden- nos ofrece a ¿todos? un lugar donde admirar la multiplicidad de producciones culturales.

 

La escuela no queda al margen en tanto es institución social. Nuestros alumnos y nuestras alumnas, en mayor o menor medida, se conectan con esta realidad virtual que es Internet, interactúan con ella, juegan, aprenden …aunque no aprendan lo que la escuela desearía ni los contenidos que en ella se desarrollan.

 

Como institución educativa, la escuela sigue teniendo un papel preponderante para organizar este "zoco" hipertextual pues quienes enseñamos podemos guiar su comprensión.

 

 

¿Dónde estamos los que enseñamos?

 

Es en este cambio de paradigma donde nuestro rol aparece revalorizado en todos los sentidos.

 

Es cierto que los niños, las niñas y los adolescentes nos aventajan años luz en manejos de teclados, pantallas, interactividad; pero también es cierto que los adultos somos quienes podemos organizar este mundo caótico e hipertextual para que pueda ser mejor comprendido y validado.

 

Tomemos por ejemplo lo que ocurría con las noticias antes de la aparición de Internet: las agencias transmitían por teletipo a los diarios abonados al servicio; los periodistas podían validar en tres fuentes confiables confirmando la información, especialmente si era una primicia de último momento.

 

Hoy requerimos información mediante un motor de búsqueda cualquiera, y enseguida aparecen 10, 20 o 30 sitios que reiteran lo que publicó alguno de ellos. ¿Es la cantidad de fuentes la que nos asegura que esa información es real? ¿Es la calidad de los sitios que citan esa información la que nos da pautas para confirmarla o no hacerlo? ¿Cómo "medimos" la calidad?

 

Es aquí donde entran en acción nuestros criterios como adultos lectores, nuestra capacidad para guiar a otros que "saben" menos para dirimir la verdad.

 

 

Algunas pistas para trabajar el conocimiento

 

En este mundo - más "conectado" que "comunicado" - la comunicación de los saberes y entre las personas "requiere tiempo, constancia, dedicación. Es un arte… y su resultado es el encuentro, la comunión." (Sinay 2006)

 

Mantener disponibles múltiples formas de compartir el conocimiento es una manera de reconocerle a las TIC el lugar que deben tener. Cada formato textual "viaja" por un medio determinado pero no único. Buscar el equilibrio es una manera de incorporar estos nuevos medios a la escuela, sin que se pierda el encuentro personal con el otro (el directivo, el colega, el alumno).

 

Compartir el contexto de aprendizaje es también una premisa por tener en cuenta. Nuestro rol docente central debe dar paso a uno de acompañamiento en este descubrir la vitalidad educativa de la interacción con lo tecnológico y con lo personal. Desenfocarnos de ese centro puede resultar difícil y hasta atemorizante, a veces, pero también podemos aprender mucho de ver qué hacen nuestros alumnos y nuestras alumnas con este medio nuevo que se introduce institucionalmente en sus vidas.

 

En definitiva, si podemos priorizar a las personas y poner a la tecnología como un medio y no como un fin, estaremos educando a los ciudadanos que deseamos: respetuosos del conocimiento, respetuosos de los valores, lectores críticos, insertos en la realidad.


Contacto: lilianagardom@gmail.com


Escribir hoy... Escribir siempre

Por Liliana García Domínguez - 11 de Junio, 2008, 12:55, Categoría: Artículos

Día del escritor – Día del libro

Escribir es la manera más profunda de leer la vida.

Francisco Umbral

Escribir es dejar huella, es comunicarse silenciosamente por necesidad –a veces compulsiva- de expresión.

Escribir es dialogar con otro que nos lee, aunque no conozcamos ni su nombre ni su rostro ni su edad.

La escritura se nutre del "lenguaje verbal, uno de los elementos asociados al proceso de hominización", dice Cassany[1]. Agrega este especialista que "La invención de la escritura hace 3.000 años ensanchó las prestaciones del habla y supuso avances incuestionables en el devenir humano. Con la grafía el habla se cosifica, despersonaliza, descontextualiza, objetiviza, entre otras facultades […]."


Un poco de historia de la escritura

Cuenta la leyenda que la escritura fue inventada por el héroe Palamedes: se hallaba perdido en una isla y sólo tenía a mano los remos y algunas piedras para dejar registro de su paso por el lugar. Las piedras más afiladas sirvieron para grabar en forma precaria un mensaje en el incipiente alfabeto griego.

La arqueología documenta otra historia. Los primeros vestigios de "escritura" tienen más de 8000 años. En el Cercano Oriente unas tablillas de arcilla servían para contar. Las marcas ya simbolizaban cantidades, en el intento de representación del comercio entre las tribus.

La escritura propiamente dicha, aparecida alrededor del año 3000 a.C., en Egipto y en Sumeria, se usaba para para transmitir y conservar mensajes e ideas. Alrededor del 2000 a.C. comenzó el desarrollo del sistema alfabético basado en el análisis de la palabra hablada, compuesta de sonidos elementales (fonemas) que pueden ser representados por otras unidades, las letras (grafemas), en la palabra escrita.

El proceso de escritura

Lo complejo del proceso de escritura –la composición mental, la transformación en un esquema, la expresión verbal, los sucesivos borradores…- se nos hace evidente en cada momento que encaramos un papel en blanco o una pantalla de monitor con el procesador de texto abierto, en la espera de aquello que queramos expresar.

Lo complejo hace que por diversas causas –biológicas y sociales, dice Battro- pueda alterarse este proceso. Son comunes los trastornos de lectura y escritura en alumnos que tienen capacidad intelectual normal.

Los que hablamos español somos afortunados: tenemos una lengua "transparente", en la que casi hablamos como escribimos; los fonemas y los grafemas son casi de correspondencia unívoca… aunque a veces nos sea harto difícil lograr que nuestros alumnos fijen la ortografía aceptada.


La escritura y el escritor

Todos somos escritores: una nota dejada al lado del teléfono, una postal de vacaciones, un correo electrónico, este mismo texto, nos convierten en usuarios más o menos conscientes de una tecnología que nos hace más humanos.

A esta tecnología se le agrega la que nos brindan el teclado y el procesador de texto; según los neurólogos facilitan la adquisición y la consolidación de la escritura. ¿Reflexionamos en algún momento cómo era escribir un texto cuando sólo existían las máquinas de escribir? ¿Cuántas veces se debía borrar, digitar, retroceder, cuántas veces romper papeles borradores cuando no había posibilidades de "cortar" o modificar el texto?

Detengámonos ahora en el escritor de literatura, en su creatividad puesta a prueba en el papel y en la posterior publicación de su obra a través del libro (el tradicional y el electrónico).

¿Cuáles serán los procesos mentales que se ponen en marcha al escribir? ¿Y al componer? ¿Al tener esa idea que dará lugar a un texto que hará su propio viaje en busca del lector que lo navegue, con inquietud, con pasión y a veces con melancolía?

¿Qué sentirá el escritor cuando su texto, ese hijo que ha echado a rodar por el mundo, le es devuelto analizado, sopesado, criticado, interpretado?

Cuentan en Colombia que el hijo de García Márquez recibió una vez un "Reprobado" cuando tuvo la valentía de decir que el gallo en El coronel no tiene quien le escriba simbolizaba exactamente… un gallo. Cuentan.

Día del escritor

El día 13 de junio celebramos el Día del escritor.

Lo hacemos en memoria del nacimiento del poeta, ensayista y narrador Leopoldo Lugones, nacido en Córdoba en 1874, y muerto en el Tigre en 1938.

Desempeñó diferentes cargos como inspector de enseñanza normal y secundaria y a él le debemos el canon de la materia Literatura en neustras escuelas. Fue también director del suplemento literario del diario La Nación y trabajó algunos años como bibliotecario del Consejo de Educación.

Como poeta, se lo recuerda muy especialmente por Las montañas de oro (1897), una combinación de versos y prosas poéticas; Los crepúsculos del jardín (1905) y Lunario sentimental (1909).

A pesar de ser una de las más destacadas figuras del Modernismo, a partir de 1910 comenzó a enfocar su obra en la tierra y sus gentes, los asuntos cotidianos en tono intimista,

Como narrador, sobresalió principalmente por sus relatos, recogidos en Las fuerzas extrañas (1906), La torre de Casandra (1919), Cuentos fatales (1924) y La patria fuerte (1933).

También forma parte de esta veta –pero en forma más extensa- La guerra gaucha (1905), transformada en película con un inolvidable Enrique Muiño.

Además de su extensa obra, dejó como testimonio la fundación y dirección de la Sociedad Argentina de Escritores.


Un decálogo para escritores

Augusto Monterroso, escritor de textos narrativos brevísimos (y algunos otros que no los tanto), nos ha dejado un decálogo del escritor que tiene doce ítems. En la ironía, nos deja también un mensaje que pueden leer aquí:

 

Decálogo del escritor

 

Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".

Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.

El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.

 

 

Día del libro

Escribir también implica publicar.

El día 15 de junio celebramos el Día del libro.

Esta celebración comenzó en nuestro país el 15 de junio de 1908 como "Fiesta del Libro", fecha en la que se entregaron los premios de un concurso literario organizado por el Consejo Nacional de Mujeres. En 1924, el Decreto Nº 1038 del Gobierno Nacional declaró como oficial la "Fiesta del Libro". El 11 de junio de 1941, una resolución ministerial propuso llamar a la conmemoración "Día del Libro".

En la historia del libro se mezclan diferentes soportes: desde el papiro enrollado usado en Egipto, pasando por el pergamino plegado y cosido en códices, hasta el papel que hoy conocemos y que fue un invento chino.

La imprenta fue la gran revolución en la difusión de este soporte del conocimiento, especialmente porque permitió su democratización: la narración oral dejó de tener el rol preponderante en la transmisión del saber.

Parafraseando a Emily Dickinson, no hay mejor nave para llegar lejos que un libro: nos lleva a lugares imaginados o reales, recreados e inventados; nos lleva a conocer personajes y sus historias, aquéllas que –tal vez- nos sirvan para conocernos a nosotros mismos.


[1] Cassany, Daniel: "De lo analógico a lo digital. El futuro de la enseñanza de la composición" en Lectura y Vida. Año 21 Nº 2 ( Junio 2000)


Contacto: lilianagardom@gmail.com


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